Hoy Clara estuvo lejos con el pensamiento. Esto se traducía en la tesura de sus facciones que, de por sí, eran bastante angulosas. El rictus de tensión componía, junto al ceño fruncido, una pareja que, de haber evidenciado olores, alejarían a cualquiera que tuviera un mínimo sentido del olfato. Igualmente, el verla era suficiente. Las razones para este gesto se desconocen pero, luego, al hablar con ella, alegó que simplemente tenía un mal día: "uno de esos que son fácilmente olvidables". Aunque en esa proposición había dos mentiras: que fuese uno solo y que sea olvidable. Tiempo después, mucho de lo que era su vida, o hasta lo que nosotros conocíamos, cambió significativamente. Todo lo que venía haciendo o formaba parte de su presente, más como construcción que como casualidad, se terminó. Una relación longeva, un trabajo deseado, una casa que realmente parecía un hogar, hasta las mascotas dejaron de ser. Y todo se fue dando en un silencio íntimo, sin ser compartido con casi nadie. Con quienes se encontraba, a medida que el desmoronamiento se acrecentaba, les contaba una pequeña novedad en el gran mapa de su desanclaje. Parecía un marinero que confiaba algún objeto que había decidido soltar para siempre. El tiempo nos dejó rearmar los fragmentos en un sentido flashback. Cada cual expuso lo que sabía y se callaba, por pedido expreso de Clara, y todos sabíamos algo similar y distinto a la vez. Las conclusiones sobre lo que le pasó eran variadas y casi todas erróneas, o mínimamente injustas. Además, nos dimos cuenta de que nosotros también éramos presa de algo que había decidido alejar de sí, buscando nuevas compañías. Hablando con su, ahora, ex compañero, nos comentó que, en esos días de sus gestos particularmente preocupados, había estado mirando videos viejos, hallados en una máquina de fotos digital olvidada y recuperada. Al mismo tiempo, se encontró con un amigo lejano y se vieron en varias oportunidades durante todo el día. "Este amigo vivía en un pueblo acá cerca, paraba en la casa de un pariente que le prestaba el cuarto de su hijo que estaba lejos por estudios - nos confesaba sin entender tampoco mucho-. Ahora que pasó todo puedo aceptarlo, pero, en ese momento, esos eventos no parecieron significar mucho." Clara empezó a tomar, en realidad a anunciar, sus decisiones con la calma del que tiene las cosas por demás masticadas. No discutió con nadie en el trabajo al irse, no reclamó la tenencia de ninguno de los dos gatos y con su novio fue arteramente sincero al confesarle que lo que fue el amor, así como gratamente no fue lo que ella imaginó antes de conocerlo, tampoco era lo que sentía en ese presente. Aún resta conocer los móviles de sus actos. Extrañamos una imagen de ella, aunque es precisamente eso lo que Clara quería, quiso y decidió cambiar.
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