LUNARES

 Díscolo de rojo, díscolo de amarillo, díscolo de verde y atravesar el cemento para justificar la bifurcada. Una excusa no dicha vale más que mil evidencias sin suceder. Incluso si descartamos la posibilidad para engañar al deseo, hay una escena que puede incluir la espera, el nerviosismo, la adrenalina y la sequedad en la boca. Porque cuando nos acostumbramos a una representación determinada de la realidad perdemos la vergüenza; aletargados repetimos la pantomima con mayor destreza. Pero si nos ponen a barrer el tablón donde bailan los cisnes, sentimos que la labor supera nuestras capacidades. No niego a la emoción, tampoco a la indiscreción. Una veta tiene el rasgo de peligro como también de posibilidad. Acaecida sin preanuncios ni anticipos lunares, sucede como la primera gota que se desborda de una canilla mal cerrada. Mojemos entonces esa lengua seca por la afasia contenida en la respiración irregular, pestañeamos de más por temor a no pestañear de menos y manoseemos los cabellos desde la raíz hasta los remolinos; sonriamos al temor de la incertidumbre instantánea, porque no sabemos cuándo volverá a producirse sin nuestra egoísta e idealizada intervención. Detrás de un hecho descansan docenas de mirillas por las que espiar, algunas guardan risas sonrojadas y otras pesadumbre de pera apoyada sobre las palmas de una mano. Así y todo respetamos a la violencia de las catástrofes porque poseen la característica de presentarse en verticalidad frente al cúmulo de puntos que ordenamos para vivir en el tiempo. De esta manera: ¿qué no habríamos de tolerarnos a nosotros mismos sin ser víctimas de nuestro propio miedo al descontrol? En la dubitativa línea que nos trazamos para no caer, se encuentra la indeleble subversión que siempre se esconde detrás de lo normal. No hay mal en el goce de una transgresión basada en una manifestación más concreta que las leyes que aparentan censurarla. La dificultad de decir que no radica en decir que sí a todo lo que se venía haciendo y la fortaleza de ese acto reside en bañarlo de la honorable causa que es hacer uso de la libertad. Aunque luego todo siga como viene sucediendo. Aunque después de mucha abstención, nos vuelva a pasar la oportunidad, pero tengamos que atravesar díscolos de rojo, díscolos de amarillo y díscolos de verde. Aunque muchas veces, tengamos una oportunidad justo cuando la dejemos de buscar. 

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