CENIZAS

Aunque no fui al único que se lo dijo, sus palabras reunidas en una frase tan sentida, pero utilizadas en tono humorístico, me incomodaron de tal manera que no logro erradicarlas de mi cabeza: ¿No vas a saludar a papá? Y mi cuello torciendo hacia todos lados casi tanto como mis ojos cerraban el remate del chiste. El silencio tras la pregunta, sumado a la cara de complicidad de su novia allí presente, no hicieron más que acentuar mi vergüenza y, lejos de querer sacarme de ella, volvieron al ataque: Un poco desubicado de tu parte, ¿no? Cuando ya no sabía qué hacer con mis muecas ni con mis movimientos, ambas comenzaron a reírse. Hacía un mes que el padre de mi amiga había muerto. Yo no la había visto desde entonces y un día decidí ir a visitarla para charlar y darle mis condolencias. A llegar, nos abrazamos sin efusividad, porque tanto ella como yo no somos muy demostrativos. Comenzamos a charlar automáticamente de temas irrelevantes hasta que me invitó a pasar a una habitación recientemente reciclada produciéndose la escena ya relatada. En el estante más alto de un mueble empotrado había una caja de no más de 30x30 con una placa que supuse decía lo que decía, porque no alcanzaba a leerse de lejos. Me descontracturé tratando de evadir mi evidente incomodidad, ya que sus preguntas en algún punto pusieron en duda la muerte misma de su padre y algo en mí hizo buscar el cuerpo de una persona de unos 60 años mínimo postrado en un catre. El humor negro es una de las formas más crudas y, por ende, reales de exponer la tragicomicidad de nuestro paso por esto llamado vida. El haber diagramado un chiste a partir del dolor propio no hizo más que acrecentar el cariño hacia ella. Me sumé a la lista de ocurrencias en base a la "presencia" del padre no sin antes preguntarle de manera directa a qué se debía el uso del humor a tan poco tiempo de haber acontecido su muerte. Me confesó que esa era su manera de hacer el duelo o, al menos, de sobrellevar un acontecimiento que, sumado a la muerte de su madre hace algunos años atrás, la había dejado totalmente sola. "Y cuando una está sinceramente sola o, en este caso, se queda sola, no hay otra opción más que conciliar con lo que una es hasta el momento en que la abandonan. Digamos que hasta este momento yo sé que soy lesbiana y que tengo un humor ácido y, si no lo aplico con libertad, nada de lo que me dejaron ellos, más allá de esa cajita que ves ahí y el auto que está estacionado afuera, va a ser válido o significativo. Y ese no es mi objetivo actual." Terminamos hablando de los conflictos familiares que había acarreado la herencia legada en vida del padre y la verdadera tragedia que es que lo material interfiera en las relaciones humanas, al punto tal que aquellos sobrinos, que habían estado en su cumpleaños hace un par de semanas, ahora ni siquiera le dirigían la palabra por pensar que ella había perjudicado a su papá (o, peor aún, a su hermano). La cantidad de cenizas que dejan los muertos en tierra y no lo saben.  

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