FRÁGIL

Cuando la crítica nace desde la ausencia ya sea de virtudes como de actos de presencia, es muy factible que se caiga en una acidez rancia que manchará no solo a nuestras lenguas sino también a las escalas de afecto que nos unen al criticado. Siempre hay, a su vez, una cuota de falta o carencia en relación al conocimiento que tiene el crítico con respecto a la situación del criticado. Pueden ser los móviles de sus actos u omisiones o los modos que poseen para abordar las trivialidades que el crítico considera con suficiente sapiencia como para resolverlas fácilmente y en total oposición al criticado. Por su parte, el criticado nunca está, o al menos no está cuando se produce la acción de la crítica. Entonces, nuevamente, la pieza faltante se repite convirtiendo el impulso en repetición, dando vueltas elípticas sobre el agujero negro de la desinformación, atrapando al crítico en aforismos superfluos o histeria neurótica contra un fantasma que lejos está de hacerse visible. El caso puntual es el de un amigo que hace poco logró ser padre. Digo logró porque tuvo una serie de intentos que, penosamente, se frustraron, generando incluso llegar a considerar que la vía biológica debía descartarse. Gratamente, el niño llegó, y la alegría fue inmensa. Todos sabían que ese era un logro producto de un esfuerzo y una perseverancia propia de ir más allá de lo que las probabilidades indicaban, contra las evidencias de la ciencia misma inclusive. A partir de ese evento, nuestro amigo dejó de asistir a prácticamente todas las reuniones, comidas, partidos de fútbol, etc. Su ausencia al principio fue entendida, pero más adelante, alguno se atrevió a preguntar qué era de su vida y, al final, todos se sumaron al cuestionamiento acerca de su alejamiento del ámbito social. Salomón nació prematuro. Estuvo un par de semanas en Servicios de Neonatología y, cuando pudieron llevárselo a casa, sus padres tuvieron que salir corriendo porque se ahogaba con su propio flujo estomacal. La primera vez que lo visitamos se lo notaba ofuscado, tenía cuatro meses de recién nacido, sin embargo, todas las críticas se desvanecieron. La vergüenza que sentíamos la tuvimos que ocultar con servicio y compañía. Nosotros fuimos hacia nuestro amigo, no esperamos que él viniese a ningún lugar. Lo frágil, la fragilidad no se critica. Lo endeble de la vida se cuida y se defiende a costa de cualquier comentario u opinión, de cualquier postura. Incluso la de aquellos que se jactan de amigos. 

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