HONDA

 Camilo visitaba a su abuelo cada vez menos. Había crecido lo suficiente como para no necesitar más de sus consejos ni de sus afectos, incluso los materiales. El abuelo era uno de los pocos gallegos que quedaban con vida de este lado del charco y todas las generaciones junto a las costumbres, la jerga y las formas de ver la vida y el mundo habitaban en él. Es más, el nombre de Camilo le vino por un tal Camilo Abel Medina, capitán de la flota que los trajo a estas tierras de prosperidad. Según el abuelo, este capitán había impedido que muriese en el trayecto al levantarlo de las aguas oceánicas después de que cayera en dudoso estado de ebriedad. El abuelo aseguraba que lo habían empujado, pero no descartaba la teoría de la borrachera. Así, Camilo fue Camilo portando la fisonomía de aquel primero. Por dentro, él pensaba que su cuello corto y sus manos grandes derivaban de ese capitán que le valió el nombre, y no se equivocaba. El asunto o la visita, puntualmente, era que en la escuela le habían solicitado que realizara un proyecto que implicaba rastrear la genealogía familiar y, como el otro abuelo estaba muerto, no le quedó más opción que visitar al español. Es verdad que al viejo le costó reconocer al nieto, ya que su rostro había cambiado, tanto así como la altura y la contextura física y, en la mente del viejo, había quedado asociado el recuerdo a la imagen de un niño que apenas podía caminar. Y también es verdad que Camilo tuvo que hacer un esfuerzo para adaptar principalmente su olfato a los olores de la casa en la que entraba. "Vení, seguidme", le dijo apenas cruzaron el saludo llevándolo hacia el fondo donde tenía su taller y, por el polvillo reinante, en plena faena. "Bueno, preguntad", le ordenó a Camilo que no terminaba de acomodarse. Pero sin dejar que profiriera una palabra continuó: "¿Cómo era que tenías que hacer? ¿Quién te lo pide?". "Un proyecto, abuelo. La profesora de historia."."¿Y qué quiere saber que no digan los libros?". "No sé, algo así como precisamente lo que no dicen los libros. Algo familiar. Algo como -y sacando su celular para revisar - una historia mínima." "Que si es mía, no por eso debe ser mínima, hijo. ¿O acaso yo parezco mínimo?" "No, ya sé, creo que lo de mínima se refiere a lo que los libros no dicen pero es importante para vos -y dándose cuenta que hablaba con un familiar de sangre -, bah, para nosotros." "¿Y ese nosotros se refiere a la familia que nunca me visita?" -el abuelo parecía adivinar. Incómodo al extremo, Camilo quiso excusarse, pero el abuelo no lo dejó: "Es una broma, tío, qué poco sentido del humor, chiquillo." Automáticamente, se puso a buscar entre las herramientas y los cajones mientras farfullaba maldiciones por tamaño desorden mezcladas con melodías silbadas. En un momento se detuvo, miró hacia el cielo y apoyó su mano izquierda sobre la parte baja de su espalda. "¿Dónde la habré puesto?" Como el tiempo pasaba, Camilo intentó decirle que no importaba, que le contara lo del capitán Abel Medina, pero el viejo sin bajar la mirada exclamó: "¡Allí, coño! -señalando a un punto fijo. Y subiéndose a una banqueta bajó un objeto colgado. "Esto, Camilo." "¿Qué es eso, abuelo?" "Una honda, tío."¿Una qué?" "Pues...una honda. ¿Cómo es que le llaman?" "¿Una gomera?" "¡Eso, una gomera, una honda!" "Ah, sí, sí." "Bueno, dile a tu maestra que esta fue mi primera herramienta para darle de comer a toda una familia por venir."

1 comentario:

  1. Según se mire.. y tu pensamiento con el mío se hicieron cómplices en varios puntos.. respeto sentimiento y valor del contenido en tu relato.

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