LANZAR

 En sus inicios, solía ir a las plazas quedándose lejos del centro, trataba de que ninguna palabra se le escapara. Marcaba los ritmos con el pie y estaba atento a cuando alguno caía fuera o tropezaba. Eso, sin embargo, era evidente para la mayoría del auditorio. El ambiente le era extraño: su estrato social, la escuela a la que iba, el barrio en que vivía, ninguno era el acorde para pertenecer. De todas maneras, para él ese era el punto neurálgico de la explosión cultural, ahí se gestaba "la verdad" de su época por encima de lo que digan los que no saben realmente y de cualquier aula, museo o galería. Era crítico con lo que escuchaba y veía, detectaba las constantes en los recorridos que se hacían para poder lograr ciertos pareos: "matar al otro (figurativa y literalmente)"; "el nivel que el otro dice tener pero no tiene"; "vine a demostrar lo que vengo demostrando hace tiempo"; "sacar a relucir el pasado vergonzoso del otro"; "evidenciar lo malo que es el otro en sus mismos términos". Todo era anotado en un chat que tenía consigo mismo en el celular, cuando un encuentro finalizaba. También, registraba algunas máximas tales como: "el insulto explícito es una demostración de falta de recursos"; "dominar los tiempos es dominar la batalla"; "la rima no debe caer únicamente en el final de las palabras, pueden cortarse y rimar, aún mejor." Así se hizo su primer amigo, cuando en plena anotación escuchó: "¿y tenés bases para aplicar todo eso?" y al mirar hacia arriba vio a uno igual a él, esperando por su turno. Este amigo lo cuidó, principalmente de no entrar en el mambo antes de tiempo. Le pasó las bases más sencillas al principio, para, luego, ir complejizando; incluso sabía tirar beatbox. Sus primeras batallas fueron contra sus compañeros de escuela, a todos los venció. Pero se notaba que su mente estaba afuera, la arena principal era la plaza. Su amigo le dijo que, tal vez, estaba preparado, pero de poco sirvió. Su primer contrincante le ganó bien, por popularidad también, pero por mejor manejo de la retórica y la calle. Él tuvo un solo momento que fue al iniciar el duelo, con una temática que tenía preparada, aunque de poco sirvió. Al terminar, su vencedor lo tomó de los hombros y le dijo: "Pa, no podés prepararte las rimas con antelación. Las tenés que llevar con vos a todos lados, acá (poniendo el índice en la sien) y acá (apoyando el puño en el corazón)." Siguió participando de los duelos de la plaza hasta que se hizo familiar entre los asistentes. Decidió lanzar su nombre artístico y abrir un canal de YouTube, subiendo improvisaciones en su dormitorio y algunos videos de sus batallas. Se empezó a sentir parte de una comunidad, no solo por lo que vivía, sino también por lo que se podía decir. Una de sus anotaciones que tanto lo ayudaron en sus argumentaciones reza: Me siento parte de una generación sincera // que te dice careta sin importar quien seas. // Un grupo de pibes que muchos no tienen nombre // pero que sale a la calle con más huevos que muchos hombres. // Podrán decirme que no tengo proveniencia // pero yo me forjé es un hecho // pisando cada plaza con la misma insolencia, // sabrán mi nombre los wachos del futuro // porque yo lo que construyo // lo tallo en los muros (la variable agresiva, por si se había picado, cambia "los muros" por "tu culo"). 

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