No sé bien como expresarlo, digamos que es una especie de mundo dentro de otro mundo. Un plano interior abarcado por otro de mayor magnitud y resonancia. Una mamushka social pero aún así determinada por fuerzas similares e incluso análogas en pureza. A lo sumo la diferencia es mínima y compensada desde otro ángulo. La cuestión y la observación son las siguientes: dentro de un marco local, de pueblo, aldea, comunidad o conjunto de personas reducido, surge una banda musical conformada por un grupo de jóvenes (y otros no tanto) que comienzan a hacer temas propios teniendo contadas participaciones en los bares. Se hacen famosos en esa escala, la del boca en boca, la de la radio de ahí, la del club en el aniversario de la fundación del pueblo. Allí permanecen durante años y años casi siempre con los mismos integrantes exceptuando los que algún día se cansan o los que pasan a mejor vida, entre otros avatares. Pero jamás trascienden de esa dimensión hogareña donde todos se conocen con todos. Están cómodos, su música es escuchada y representan la voz popular, pequeña, pero popular al fin. Los niños aman sus recitales por la variedad polifónica que presentan y los ancianos siguen yendo a verlos porque reproducen los clásicos que escuchaban en su juventud y para ambos, tanto pequeños como adultos, la armonía está bien lograda, tiene identidad y la práctica los hace excelentes. Ahora bien, en ese plano dicha banda tiene éxito. Su meta está lograda. Lo poco que tenían lo hicieron mucho y encontraron su lugar en el mundo. Tal vez por negligencia, tal vez por no animarse al salto que implicaba tomar el auto del batero e ir a probar suerte a la capital, tal vez, sí, por cuestiones de destino, su realidad fue quedar anclados en el seno de su lugar natal dándole vida con la música que gestaban. Con los mismos parámetros quiero evaluar a la otra banda, a aquella que es mundialmente conocida y posee millones de seguidores que conocen su discografía y se tatúan su logo en el cuerpo. Hay éxito, por supuesto. Hay un fin logrado mucho más masivo evidentemente pero en definitiva tanto una formación como la otra logra su cometido de hacer nacer música para el regocijo propio y de los demás. Para darle un sentido a todo esto, hablando mal y pronto. El eje de por qué uno logra trascendencia mientras que el otro queda sumido en la mamushka más pequeña, no lo sabemos. Revolotean palabras fuertes en su contenido como azar, arriesgue, destino. En definitiva, unos se quedan donde nacieron, otros conocen el globo terráqueo con su música. Ambos logran una especie de éxito y mueven el nervio vital de quienes oyen. Con esto quiero demostrar, simplemente, que dentro de los planos cortos y allegados uno puede lograr la satisfacción de dar lo que tiene para dar. Puede que el superar nuestra esfera cuasi privada no dependa exclusivamente de nosotros pero al fin y al cabo la espiritualidad que tiene la música no podemos perderla. No es conformismo, no es delirio de grandeza, es saber gozar lo que se tiene cuando se lo tiene y no desaprovechar el recurso máximo que tiene el poder crear música.
No hay comentarios:
Publicar un comentario