ANILLO

 En la comunidad se tomó la información como de quien venía. Para poder hacerla asunto de estado debía ser chequeada por integrantes del departamento de ciencia correspondiente y, una vez hecho esto, comunicárselo a las altas esferas para que decidieran transmitírselo a la generación vigente o esperar a que la venidera, tan pronta, gozase de dicho descubrimiento. El lugar del hallazgo, generalmente, está repleto de malos olores y figuras extrañas que se acercan algunas a hacer fluir el agua y otras a eliminar excrecencias. Estos últimos son las víctimas predilectas para la población, ya que están durante un período prolongado mirando un objeto aún más extraño y suelen elevar temperatura, permitiendo mayor atracción a los fines de la alimentación. Por su parte, el ser que suele ir a beber o a veces a recostarse en el agua no es el de interés tanto para la población como para él mismo. Su afán están más con las primas genéticas que comparten el cielo y la humedad.  El hecho, puntualmente, sucedió a media tarde de un día caluroso, ideal para las labores y la procreación. Una de las figuras, la que más transpiración apetitosamente generaba, estaba lavando las distintas superficies del cuadrante donde, según el informe, una decena de pobladores merodeaban por distintos rincones. En su mano derecha portaba un trapo color verde y en la izquierda una botella con una especie de difusor. El blanco no era sencillo de aproximación, ya que su movimiento era continuo y el grado de atención elevado, como para no ser víctima de un descuido en la zona de los tobillos, que sueles ser la más accesible. Sin embargo, el poblador Nro. 47.052 de la era 20/21 decidió acercársele a un sector cercano a una extremidad izquierdo. La víctima hizo un giro veloz hacia ese sentido y generó que Nro. 47.052 descendiese abruptamente a la plataforma blanca que obstruye el lugar que utilizan para defecar. Allí, sin tiempo de reacción, recibió una lluvia proveniente de la botella. El líquido inutilizó las alas, pero Nro. 47.052 dio batalla queriendo remontar vuelo; otra embestida lo embebió en el líquido quedando paralizado bajo una muerte, se infiere, dolorosa. La figura continuó con sus movimientos hasta retirarse del cuadrante y, por último, rociarlo con un spray de agradable aroma. Lo que no pudo percibir fue que del cuerpo desechado de Nro. 47.052 una iridiscencia comenzó a resplandecer desde el tercer anillo de su abdomen. Según el informante, sus alas se regeneraron y su zumbido se asemejó al de las primas, aunque su mirada ya no era la de él, ni la de nadie. 

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